BETO “PALETAS”

Se llama Alberto Morales Villegas, mejor conocido como Beto “Paletas”.

Aliviar un poco el calor de los pueblerinos es la tarea de Beto “Paletas”, quien desde hace más de 40  años, recorre los ranchos para vender las exquisitas paletas de la familia Zayas o cuando hace frío agarra la canasta llena de dulces de repostería y se va por los caminos reales para pasar a las comunidades y entregarles este postre a sus clientes que lo conocen desde hace muchos años.

Don Beto es chaparrito. Usa sombrero y zapato de hule. Es bueno para platicar y el moverse de manera cotidiana lo mantiene en forma, con el corazón palpitando y sus piernas duras. Es un hombre de trabajo, con sentido del humor y honrado ni se diga.

Me lo encontré por La Capilla. En esta ocasión no llevaba paletas, vendía dulces de repostería que elaboran los hijos de difunto Don Pedro Morales. El clima fresco así lo ameritaba. “Yo no puedo parar mi trabajo, llueva, truene o haga calor tengo que salir a vender algo para ganarme unos centavos. Tradicionalmente vendo paletas, pero cuando el clima es fresco, pues llevó pan de dulce a los ranchos. La gente ya me conoce y siempre me compran”.

Beto “Paletas” es de confianza. Es un hombre de trabajo. Desde muy temprano, cuando aun no aparecen los rayos del sol ya anda tomando café para salir del Pozón hacia Misantla y acomodar sus paletas en un termo que las conserva durante todo el recorrido que hace por ranchos.

“ya tengo mis rutas bien establecidas. Visito La Capilla, Morelos, Plan de Guerrero, Palma Sola de Ramírez, Tapapolum,  La Monhera, Los Ídolos, Paso Blanco, Trapiches y Santa Cruz Buenavista. La gente me estima y me compra paletas o en su caso los dulces de repostería. Realizo un trabajo digno, aunque muchas veces me encuentro con maleantes que me roban y siguen su camino como si nada pasara, sin pensar que me están quitando el dinero que me gano con tanto esfuerzo, pero lamentablemente así es la vida y nadie pone solución”.

Yo tengo como 70 años y creo que el caminar por varios ranchos para vender mis productos es lo que me mantiene n forma. Disfruto los lugares que visito y platicar con sus habitantes me fortalece, porque siempre he hecho amigo. La gente ya sabe que en cualquier momento puedo aparecer, sea caminando o en la pasajera. Nunca fallo. La gente de los ranchos es buena y me compra para ayudarme, saben que caminar y caminar es un esfuerzo, por eso no dejo de acudir a sus casas ofreciendo lo que les puede refrescar la garganta o endulzar la vida.

Beto “Paletas” vive solo en el Pozón. Dice que nunca se casó, aunque es muy enamorado y de vez en cuando se distrae para no perder la costumbre con alguna damita.

Cuando ando trabajando yo como donde me da hambre, algunas personas que regalan un taco o hay veces cambio paletas o dulces por comida, pero nunca falta quien se apiade de mi, sobre todo porque ven que soy un viejo honesto y trabajador.

Yo trabajé muchos años en el campo con mi papá. Soy producto del esfuerzo, del sufrimiento, pero un día vi que vender paletas y dulces era la mejor alternativa para sobrevivir y aquí sigo, dando lata y bien gracias a dios.