HAY QUE TIEMPOS SEÑOR DON SIMON. 3

 

REGRESO AL PASADO. – Es fascinante el escuchar conversaciones que te hagan asomarte una vez al pasado, una plática ce señoras protagonizada por la señora Socorro Pérez, quien comentaba. Hace ya muchos años que mi padre compró esta huerta del CIPRES. Al dueño que era un español que radicaba en esta ciudad, mi padre le dio trescientos pesos por todo este terreno y los animales que contenía, sin duda que este español cuando algunas personas le dijeron, que esta valía más del triple, el español se arrepintió y de inmediato fue a reclamas, pero era demasiado tarde ya había firmado, el español se fue de Jerez y jamás supimos que habría pasado con él, y así fue como nos venimos a vivir a esta propiedad en donde sin duda pasamos los mejores años de nuestra vida.

PRODUCCIÓN. – Aquí abundaban los árboles frutales, pero sobre todo los animales que teníamos en esta huerta que era enorme teníamos vacas, chivos, conejos, patos, gallinas, entre otros animales domésticos, todo esto nos hizo adquirir mayores compromisos, nos levantábamos antes de las seis de la mañana a atender los animales, les dábamos de comer, limpiábamos los corrales, y ordeñábamos, la leche que producían las vacas y chivas, nos servía de alimento pero la mayoría la llevábamos a vender a don Antonio Morales quien tenía un puesto frente al ferrocarril y ahí vendía el producto, nosotras le comprábamos una pieza de pan y ahí mismo tomábamos la leche con pan, como muchos rancheros que acudían a vender el producto.

 

LA ACEQUIA QUE ATRAVESABA CASI TODO EL PUEBLO. – Por la mitad de la huerta corría una amplia acequia que abundaba en el vital líquido de agua, y ahí nos bañábamos nosotros, y  lavábamos en artesas nuestra ropa, creo que todavía tengo una foto en donde nos veíamos lavar y bañarnos, esta acequia corría por las principales calles de Jerez irrigando las acequias que en su camino atravesaba, cuando salíamos de la escuela tipo, algunos muchachillos hacía barquitos de papel y los echaban por la acequia, jugando carreras, a desembocar en el jardín de los soldados, y otras veces hasta el río teniendo su vertedero antes del puente del río grande, la acequia que venía desde el compartidor y desde el nacimiento del río grande, regaba muchas huertas además de la alameda y el jardín Rafael Páez.

 

LA FERIA DE PRIMAVERA. – A la llegada del miércoles de ceniza, para los jerezanos era ya la entrada de la primavera, y el anuncio sin duda de las fiestas comenzando los preparativos para lucir lo mejor posible  tanto nuestra figura como nuestra posición social, los estrenos eran de cajón indudablemente, nuestros padres que viajaban hacia otros estados, nos traían de por allá los nuevos zapatos, la tela para confeccionarnos los vestidos que durante esta semana luciríamos en el jardín, para tratar de atraer las miradas de los guapos jóvenes de Jerez y sus alrededores, las medias de seda que comenzaban a usarse y que lucían algunas bonitos dibujos de mariposas o flores adornadas con bonita pedrería que brillaba con la escasa luz eléctrica que brillaba en los postes de los alrededores del jardín, con una pequeña planta de luz de don Isidro de Santiago, pero nuestros padres no nos dejaban tener novios, recuerdo que algunas veces nos visitaban en las afueras de la huerta, siendo sorprendidos muchas veces por mi padre que nos imponía fuertes castigos por este atrevimiento, cuando hacíamos convivios en la huerta y bailes, teníamos muchos cuidado de bailar solo con los muchachos que a nuestros padres les agradaban, recuerdo que una vez a mi hermana la quiso arrebatar Pepe Ibarra, por querer bailar con ella, la jaló del brazo y en aquellos tiempos era un delito muy grave que la jalonearan, se decía que la arrebataban, y se castigaba fuertemente pero mi papá llegó y se le encaró para sacarlo del baile, y con ello terminó aquel episodio.

 

FLORICULTURA. – Como en Jerez nos había florerías, muchas de las huertas que abundaban en la localidad, se dedicaban al cultivo de grandes variedades de flores, que se vendían aquí mismo, sobre todo las gladiolas que por muchos años fue la flor de los jerezanos adornando la Iglesia para sus fiestas y bodas, etc. Pero los domingos íbamos al jardín y nos instalábamos a vender nuestro producto, y cosa curiosa veíamos dar la vuelta a los jóvenes, los ricos por dentro y los pobres por fuera del jardín, y nos compraban la gladiola para obsequiársela a su novia que contenta se veía por este detalle, el 2 de noviembre no nos dábamos abasto para surtir a la gente de estas flores, sobre todo con el zempuatzúchil amarillo que ofrendaban en las tumbas de sus seres queridos ya fallecidos.

 

COMIENZA EL FINAL DE LA HUERTA. – Éramos muy felices todos nosotros en este lugar, luego comenzamos a casarnos y fue declinando las actividades de la huerta, pero luego se escuchó el rumor de que el gobierno quería construí la escuela Benito Juárez, precisamente en estos terrenos, mi padre comenzó a vender el frente para que no le quitaran el terreno expropiándolo, y así fue vendiendo poco a poco, y desgraciadamente o ya no le convino al gobierno, construyó ésta al frente pero ya había comenzado también vendió por las otras calles, quedando lo que ahora ven misma que ha conservado sus árboles frutales.